Tú con la palabra que yo dije...

Tú con la palabra que yo dije…

Tú con la palabra que yo dije, tú con tu silencio, tú contigo misma en el mundo su- bi- da,

tú mi amor:

perdida, extra- viada, una y ora vez regresada en el dolor: es

tarde.

Ayúdame, ayúdate, ayuda.

El camino de horas anduvo lo que dije. El camino de horas anduvo lo que callé. Anduvo y anduviste, por lo infinito anduviste, hacia delante y hacia atrás, hacia ninguna parte, hacia la palabra, hacia allí.

Deja. Un nombre se te abre, otro: quédate.

De “La rosa de nadie” 1963 Versión de José Luis Reina Palazón Obras completas - Editorial Trota 1999

También tu cabello vuela sobre el mar con el enebro dorado. Con él se vuelve blanco, entonces lo tiño de azul-piedra: el color de la ciudad donde al final fui arrastrado hacia el sur… Con jarcias me amarraron Ya cada una ataron una vela y me escupieron Con sus bozos brumosos y cantaron: «¡Oh atraviesa la mar!» Yo sin embargo pinté como una barca mis alas con púrpura y con mi estertor dime brisa y antes que durmieran me hice a la mar. Tus rizos, ahora, debía teñírtelos en rojo, pero me gustan azul-piedra: ¡Ay, ojos de la ciudad, donde caí y fui arrastrado hacia el sur! Con el enebro dorado vuela también tu cabello sobre el mar.

De “Amapola y memoria” 1952 Versión de José Luis Reina Palazón Obras completas - Editorial Trota 1999