Vierte la luna débil sus albores sagrados como una basquiña ,de vaporoso argento sobre moles de mármol que cruza el soñoliento paso de alguna virgen en velos nacarados.
A los cisnes sedeños que abren los juncales con su quilla de pluma donde la luz reposa les deshoja su mano la más nevada rosa, y en el agua los pétalos difunden espirales.
Soledad extasiada, dulcificante duna, cuando el agua hervorosa bruñida por la luna sus voces cristalinas sin término propaga,
-¿qué alma padeciera la magia inexorable de la rútila noche con su cielo implacable sin exhalar un grito puro como una daga?
Versión de Carlos López Narváez