Con sorpresa y emoción, una boca que bebía del seno de la Poesía dijo, apartando el plumón:
¡Oh mi madre Inteligencia de quien el dulzor fluyó! ¿Cuál extraña negligencia ahora tu seno secó?
Sobre tu pecho divino apenas ponía mi sien, sentía el mecer marino de tu corazón de bien;
recién, en la obscura niebla que bajó hasta tu beldad, sentía, al beber tiniebla llenarme de claridad.
Dios diluido en tu esencia, Lleno de felicidad y dócil a la conciencia De la gran tranquilidad,
Alcancé la noche pura y olvidéme del no ser, pues, un río de ventura por mí parecía correr. .
¿Qué escrúpulo temeroso, qué despecho te asaltó, que tu fluir milagroso en mis labios se cortó?
¡Oh rigor! Yo bien recelo que tu alma se ofendió el silencio, cisne en vuelo, ya no reina entre tú y yo.
¡Oh Inmortal! Ya no me informa de tesoros tu mirar y se hizo piedra la forma que yo sentí palpitar
Me han privado tus agravios hasta del cielo el claror. ¿Qué serás tú sin mis labios? ¿Qué seré yo sin tu amor?
Pero la fuente ya inerte Le respondió sin pasión: -¡Ay, me has mordido muy fuerte! No late mi corazón. Versión de Edmundo Bianchi