“Son joyeux, importum, d’un clavecin sonore” Petrus Borel
Lucen vagamente las teclas del piano a la luz del suave crepúsculo rosa, y bajo los finos dedos de su mano
un aire de antaño canta y se querella en la diminuta cámara suntuosa en donde palpitan los perfumes de Ella.
Un plácido ensueño mi espíritu mece mientras que el teclado sus notas desgrana; ¿por qué me acaricia, por qué me enternece
esa canción dulce, llorosa e incierta que apaciblemente muere en la ventana a las tibias auras del jardín abierta…?
Versión de Eduardo Castillo