_Cada concha incrustada En la gruta donde nos amamos, Tiene su particularidad.
Una tiene la púrpura de nuestras almas, Hurtada a la sangre de nuestros corazones, Cuando yo ardo y tú te inflamas;
Esa otra simula tus languideces Y tu palidez cuando, cansada, Me reprochas mis ojos burlones;
Esa de ahí imita la gracia De tu oreja, y aquella otra Tu rosada nuca, corta y gruesa;
Pero una, entre todas, es la que me turba._