La sorprendí jugando con su gata, y contemplar causóme maravilla la mano blanca con la blanca pata, de la tarde a la luz que apenas brilla.
¡Como supo esconder la mojigata, del mitón tras la negra redecilla, la punta de marfil que juega y mata, con acerados tintes de cuchilla!
Melindrosa a la par por su compañera ocultaba también la garra fiera; y al rodar (abrazadas) por la alfombra,
un sonoro reír cruzó el ambiente del salón… y brillaron de repente ¡cuatro puntos de fósforo en la sombra! Versión de Guillermo Valencia