Los espejos y los puentes

Los espejos y los puentes

XXII La robaron el sueño, amor, se lo robaron. La muñequita tonta, vestida de alfileres que siempre muere acunando un sueño púrpura entre brazos que no le pertenecen. De noche fue, cuando siempre se mueren realidades. Y se quedó mirando la luz del farol en el aljibe-memoria. Se habrá quedado allí, en el agua, dolor, buscando las vertientes. El sueño boquiabierto de estrellas como el sapo del cuento. La muñequita ojos cerrados de luna volverá a su país sin duda cuando acabe el número de sueños permitidos. Habrá estatuas de cal y viejos terciopelos. A su pequeño sol, al fin, lo habrán anochecido.

De “Los espejos y los puentes” 1978