Desde que en lechos de zafir reposas, y que por sendas de cristal caminas derramando tus urnas cristalinas en favor de las playas arenosas,
y desde que con fuerzas caudalosas a conquistar el mar te determinas, bañando tus corrientes peregrinas de Ulisipio las márgenes famosas;
mientras, depuesta la arrogancia, hiciste espejo sosegado el agua pura, que a tantas hermosuras ofreciste,
en cuantas viste, oh Tajo, por ventura en tantos años de camino, ¿viste igual a la de Silvia otra hermosura?