Si igual la voz al sentimiento fuera, como mi sentimiento a tu hermosura, de los agravios de la edad, segura mi pena, oh Silvia, y tu beldad viniera.
Dichosa envidia a las edades diera en tu merecimiento, mi ventura, y absorto el mundo, de tu lumbre pura en mis incendios, los efectos viera,
que si tanto debiera a mi cuidado, yo dejara en mis versos construido un templo a tus grandezas dedicado,
donde, en común ofensa del olvido, yo quedase en tu nombre eternizado, tú venerada, Amor obedecido.