Cuando la fama en lenguas dilatada vuestra rara hermosura encarecía, por fe os amaba yo, por fe os tenía, Leonor, dentro del alma idolatrada.
Cuando os mira, suspensa y elevada el alma que os amaba y os quería, culpa la imagen de su fantasía que sois vista mayor que imaginada.
Vos sola a vos podéis acreditaros; ¡dichoso aquel que llega a mereceros, y más dichoso si acertó a estimaros!
Mas, ¿cómo ha de olvidaros ni ofenderos? Que quien antes de veros pudo amaros, mal os podrá olvidar después de veros.