La noche en tu desnudo derrama sus estrellas. Enajenadas luces pulsan sonoras dichas. Fieras de hielo y fuego el tálamo devoran.
Oh demonio bitinio en quien comprendo el mundo: si la belleza es muerte, destrúyame tu carne; tus besos me extasíen con su insaciable daga.
-En el claro solsticio de su existencia, el César despierta a la belleza de negarse en el otro-.