Recuerdo aquel cristal de tiempo plano y frío. Aquel amor primero. Recuerdo su mullida voz blanquísima, y aquellas dos columnas esbeltas de sus piernas. Recuerdo su mirar de flores de azabache y aquellas mariposas que, en su pecho colérico de arena, se estrellaban. Recuerdo la espiral violenta de su boca, las fresas de sus besos, y recuerdo que un día se perdió bajo tierra. Y yo me volví loco, y se llenó mi cama de nervios y de ardillas. De “Sábana Blanca-Sábana Negra” 1972 Valencia, Imprenta Quiles, 1973