¿Por qué pregunto dónde estás, si no estoy ciego. si tú no estás ausente? Si te veo ir y venir, a ti, a tu cuerpo alto que se termina en voz, como en humo la llama, en el aire, impalpable.
Y te pregunto, sí, y te pregunto de qué eres, de quién; y abres los brazos y me enseñas la alta imagen de ti y me dices que mía. Y te pregunto, siempre.