Se puede vivir en nidos, como las aves querrían.
Se puede vivir en pechos como quieren acabar las violetas y los amores impares.
Se puede vivir en llamas, cuando se quema un papel y ya no quedan palabras sino luz resplandeciente.
Se puede vivir, también, a veces viven las vidas, bajo los techos, en casas, o en veletas, como el aire.
Pero nosotros vivimos un día dicha sin nidos, sin techos y sin veletas. Viviéndola en un color verde, en un color verde sobre ruedas.