Himno a la belleza intelectual

Himno a la belleza intelectual

1. L a sombra de una fuerza incognocible…

  1. La sombra de una Fuerza incognoscible… La sombra de una Fuerza incognoscible flota, aunque incognoscible, entre nosotros; visita este amplio mundo con la misma inconstancia que el viento entre las flores; como un rayo de luna tras un pico turba secreto, imprevisible, el corazón y rostro humanos; como el rumor pausado de la tarde, como una nube en noche clara, como el recuerdo de una música, como aquello que se ama por hermoso pero más todavía por ignoto.

2. Espíritu, belleza que consagras…

Espíritu, Belleza que consagras con tu lumbre el humano pensamiento sobre el que resplandeces, ¿dónde has ido? ¿Por qué cesa tu brillo y abandonas este valle de lágrimas desierto? ¿Por qué el sol no teje por siempre un arco iris en tu arroyo? ¿Por qué cuanto ha nacido languidece? ¿Por qué temor y sueño, vida y muerte ensombrecen el mundo de este modo? ¿Por qué el hombre ambiciona tanto odio y amor, desánimo, esperanza?

3. Ninguna voz de un ámbito sublime…

Ninguna voz de un ámbito sublime ha respondido nunca a estas preguntas. Los nombres de Demonio, Espectro y Cielo testimonian este inútil empeño: débiles palabras cuyo encanto no suprime de cuanto aquí vemos y oímos el azar, la duda, lo mudable. Sólo tu luz, cual niebla entre montañas o música que el viento vespertino arranca de algún tácito instrumento o cual claro de luna a medianoche, sosiega el sueño inquieto de esta vida.

4. Amor, honor, confianza…

Amor, Honor, Confianza, como nubes parten y vuelven, préstamo de un día. Si el hombre inmortal fuese, omnipotente, Tú -ignoto y sublime como eres- dejarías tu séquito en su alma. Tú, emisario de los afectos, que creces en los ojos del amante; ¡Tú que nutres al puro pensamiento cual penumbra a una llama que agoniza! No partas cuando al fin llega tu sombra: sin Ti, como la vida y el temor, la tumba es una oscura realidad.

5. Cuando niño, buscaba yo fasntasmas…

Cuando niño, buscaba yo fantasmas en calladas estancias, cuevas, ruinas y bosques estrellados; mis temerosos pasos ansiaban conversar con los difuntos. Invocaba esos nombres que la superstición inculca. En vano fue esa búsqueda. Mientras meditaba el sentido de la vida, a la hora en que el viento corteja cuanto vive y fecunda nuevas aves y plantas, de pronto sobre mí cayó tu sombra. Mi garganta exhaló un grito de éxtasis.

6. Hice un voto: a ti ya cuanto es tuyo…

Hice un voto: a Ti ya cuanto es tuyo dedicaría el ser. ¿No ha sido así? Aún hoy, con inquieto pulso, llamo a los turbios espectros que en sus tumbas acompañan mis horas. En fingidos lugares donde aplico mi espíritu al amor o al estudio, han contemplado conmigo la noche. Saben que la alegría no ilumina mi rostro si no es con la esperanza de que absuelvas al mundo de su oscura esclavitud; de que tú, Terrible Hermosura, concedas cuanto el verso no logra proclamar.

7. El día es más sereno y más solemne…

El día es más sereno y más solemne cuando llega la tarde. Y hay un orden en Otoño y un lustre en su horizonte que el estío prohíbe alojo humano hasta hacernos creer que es imposible. Así pues, deja que tu fuerza -talla naturaleza, cuando joven- provea a mi existencia venidera de sosiego, a mí que te venero con cuantas formas te contienen, a mí, hermoso Espíritu, a quien diste el temor de sí mismo y amor al ser humano.

Versión de Gabriel Insuasti