Monstruo de oro, trazo oscuro sobre laca de luz nocturna: dragón de azufre que embadurna sábanas blancas en puro fulgor secreto de bengalas. Ahora, violentamente, el grito de dos cuerpos en cruz: el rito del goce quemará las salas del sentido. Torpor de brillos: la piel -hangares encendidos-, por la delicia devastada. Fuego en los campos amarillos: en cuerpos mucho tiempo unidos la claridad grabó una espada.