Para quién pide el viento de esta tarde clemencia En los arcos de otoño qué susurra el zorzal Con sirenas de buques a lo lejos de la ausencia Oh capillas nevadas de la noche y el mal cetrería de oros y de bruma imperial bella presa halconeros un amante desnudo presa de luz de viento de espacio de bahías todo su cuerpo en llamas un puñal un escudo Lebrel en los pantanos qué luz de cacerías para mí sólo amor por mí sólo vivías.
No es hablarnos de oídas de cuchillos y sedas ni proyectar historias en los cuartos oscuros Cuando todo se ha ido sólo tú amor me quedas no quiero hablar entonces de estanques ni arboledas sólo el amor nos hace más solemnes más puros En la noche de otoño no me valen conjuros
En la glaciar tiniebla de las calles de luna lleva guantes de plata muerta y fosforescente Al acecho en la esquina ninguna voz ninguna me llamará mi amor dulce cuerpo presente Como si hubiera vuelto la niñez de repente oh borrosas imágenes cristal esmerilado densa penumbra densa silencio en los pasillos de puntillas andamos el viento en los visillos las ventanas el agua aquel cuarto cerrado A oscuras muy despacio no sé quién me ha besado
Qué me han dado que todo resplandece y se esfuma Qué diluye los rostros en su luz misteriosa Los armarios se abren cae del libro una rosa Rueda en la playa un aro al jardín de la espuma Sí recuerdo mi vida Que el amor le consuma
Estos focos que ciegos en la noche no cesan de recorrer palacios y ciegas galerías del país del amor encendidos regresan cuando unos labios a otros labios temblando besan cuando tú amor a mi lado palidecías.
Y la muerte de blanco soltará sus jaurías