palpitando entre dos senos una llama carmesí. Un dragón azul de fuego viene en el viento de abril. En las cortinas, mi rostro, como ave herida escondí. Olor a brea en los muelles. Llueve. Es hora de partir.
Sorprendidos en el sol los paisajes de la noche, los armarios y las lacas y los dorados tritones, la nieve en sus armaduras, las músicas del azogue, el mundo que, como sangre, relampaguea y se esconde.
Para esta helada pupila la cometa del amor. Mirad la sobre el jardín. Un halcón muere en el sol. Hace frío. Un abanico negro sobre; el tocador. Una guirnalda de lirios para el poney de cartón.
La niebla hiere con guantes de raso nuestra memoria. ¿Es sólo un rayo de luna quien a lo lejos solloza? Tras la campana del viento, tras el túnel de las rosas, en el murmullo del agua y la hierba, alguien nos nombra.
Un colibrí no muere. La tarde. Las carrozas.
Publicado en ABC, 19 de abril de 1983