Hay cosas demasiado puras para ser dichas o simplemente pensadas. Pero los poetas, incontinentes, verbosos, osan inquietar las zonas inefables con escogidas palabras al fin y al cabo estúpidas.
Y aún pretenden ser los trujamanes de la musa inservible o de algún dios, sobrante como todos. ¿O exprimen de sí mismos quizá celestes zumos? Menos mal que escasean los espejos, ya que los poetas, en efecto, son harto ridículos en su jactancia.
Más valdría callar, que todos callásemos. Y entonces aprestar las grandes orejas y aprender algo de los lamentos, los zumbidos, del cántico de la vida; de los entrañados latidos y los admirables -pese a todo- silencios animales del hombre, casi imposible probatura. De “Vacaciones pagadas” 1959 Versión de José Batlló