Seis adivinanzas

Seis adivinanzas

  1. Más que joven novísima, flamante; intacta más que virgen, y sin tacha. Trabajo de encargo, pieza única.

Hija, hermana, nuera, vecina de nadie. Ni madre, entretanto.

Hembra tan sólo, sólo para el hombre.

  1. ¿Se paró el Sol? ¿Fue la Tierra? Todo creo que es temerario; todo comporta peligros de gran alcance.

Y yo me inclino a creer, sencillamente, que el celuloide -cosas que pasan- se rompió.

  1. Había sido un gran señor, ¡y vedlo! Desnudo y pobre como un gusano; le quitaron los hijos y la hacienda, y la lepra lo devora: con un cascote se rasca las costras. Pero le queda un buen consuelo: la peña de la tarde con los amigos.

  2. -¡Mandadme, Majestad! -Me gusta esa vecina. -Está casada, Majestad. -Y él, ¿quién será? -El Capitán Sánchez. -Llévalo al frente. Primera línea. Hoy mismo. Razones de Estado. -¡Mandadme, Majestad!

  3. Súbito vómito a medio digerir, lo ensucia todavía el jugo gástrico del gran pez. De saliva salada regurgita. De cuando en cuando escupe chanquete.

  4. El poeta murió y en la balanza pesó más la hiel que la miel.

Y fue al infierno, el infierno del cual fue comediógrafo.

Es su primer y único huésped, ¿quién con mejor derecho? Lo recorre con aires de empresario entre monstruos de carnaval de Niza y condenados de museo Grévin.

Resulta todo tan modernista y tan inhabitable como él lo imaginó; y por ello es feliz: ¡vanidad de los poetas!

Si no fuese porque, solo y con mala luz, desde hace siglos espera en vano visitantes y espectadores para su desfile de pecados.

A última hora le han enviado, virgilio inútil, al pequeño y servicial Gustave.

¡Qué más da! Ha perdido toda esperanza. Descuelga la muestra, corre el cerrojo, apaga el fuego.

De “Vacaciones pagadas” 1959 Versión de José Batlló