Escucha, mira...

Escucha, mira…

Escucha, mira: ¿no hay algo que sube de la tierra, de mucho más abajo, como una luz, en oleadas, como un Lázaro herido, absorto, en lento batir de alas blancas -mientras que por un instante todo calla, y es en verdad aquí donde estamos, asustados, y no descienden así de más allá del cielo, a su encuentro, otros vuelos, más blancos -por no haber discurrido entre raíces de barro-, y no corren ahora unos contra otros cada vez más deprisa, a la manera de los encuentros amorosos?

Ah, piénsalo, dilo, sea lo que sea, di que algo así puede ser visto, que sabréis aún correr así, pero dentro del áspero manto de la noche.

De “A la luz del invierno” 1973 Versión de Rafael-José Díaz