1
Aquí dijiste: “son hermosos los ojos húmedos de los caballos”. Y aquí: “me encanta el viento”. Desando yo tus pasos, revivo tus palabras. Y te amo en la baldosa que pisaste, en la mesa de pino que aún guarda la caricia de tu mano, en el estropeado cigarrillo olvidado en el fondo de mi bolso. Recorro cada calle que anduviste y sé que amaste este abedul y esta ventana. Aquí dijiste: “así soy yo, como esa música triste y alegre a un mismo tiempo”. Y te amo en el olor que tiene mi cuerpo de tu cuerpo, en la feliz canción que vuelve y vuelve y vuelve a mi tristeza. En el día aterido que tú estás respirando no sé dónde. En el polvo, en el aire, en esa nube que tú no mirarás, en mi mirada que te calcó y fijó en mi más triste fondo, en tus besos sellados en mis labios, y en mis manos vacías, pues eres hoy vacío y en el vacío te amo.
2
Ni los sueños, donde tu rostro tiene todas las formas de la dicha. ni el sol que tanto amo sobre mi cuerpo desnudo, ni la grata canción del antiguo trovero enamorado, ni el verso de Darío ni el verso de Quevedo, ni esta luna que brilla con brillo de alcancía, ni tu nombre por otros pronunciado, ni el eco de mis pasos en la inmensa catedral solitaria, ni el rosal que yo siembro con mis manos y me sangra los dedos, ni las noches insomnes, ni tu dulce retrato mentiroso, ni el tiempo, -ese falsario de mil rostros- pueden calmar mi pena de no verte.
3
Sólo puedo escribir de amor. Salgo a la noche respiro su aire tenso, sé que vivo. Con su canto monódico me seducen los grillos. Y es la noche sin ti lo que yo escribo. En el verso me abstraigo. y allí el amor es sangre y meteoro, es la espada que hiere, es sal y madrugada. Breve es y bello y mentiroso, y eterno y falso y dulce y verdadero. Y yo sólo sé hablar de la tormenta que estalla entre tus besos. Ebria y multicolor en anodinas calles la ciudad multiplica mil rostros pianos y una sola mueca, y abre sus tristes puertas a la noche. Todo está allí para que la palabra aprese un llanto, un árbol, la monstruosa soledad de sus calles vocingleras. Y yo tan sólo escribo de la tarde sin ti y de mi tristeza.
4
La palabra, -esa hechicera- me devuelve la forma de tu pecho, la humedad de tu axila, la sedosa caricia de tu vello. La palabra se hace agua, se hace lágrima, se hace calor, saliva, piel y beso. La palabra, loca fabuladora del deseo. Te exorcisa y a mí vienes volando con las manos vacías. Con tu apenas sonrisa galopas sobre el tiempo. La palabra, la dulce mentirosa, tiende su trampa y yo te recupero. Tinta. Letras de tinta. De tinta la mentira. Palabras, letras, tinta. Y tú tan lejos.
“Círculo y Ceniza”