Para tus ojos quisiera yo beber el dulce azogue, y amanecer cubierta de polvo de metales como una joven faraona muerta. Robarles su color a los almendros, y hundiéndome en el lodo feraz de los pantanos lustrar mi desnudez para tus ojos. Recuperar la luz de las espadas y hacerla batallar en mis pupilas. Tomarme espléndida como una esclava etrusca, cuya cabeza calva perturba el sueño de los mercaderes, como iracunda araña al sol del mediodía, como la dentadura feroz de los guerreros, como el líquido despertar matutino de las dianas.
( Pero todo esto no es sino literatura y debo resignarme a sonreírte sin existir, quizá, para tus ojos. ) “El hilo de los días”
Por el camino de tu lengua yo podría llegar …
Por el camino de tu lengua yo podría llegar hasta la negra Abisinia o cabalgar hasta Bengala o Nankin porque ella es sabia como un viejo maestro que enseña sobre el cielo las rutas de los pálidos cometas
porque tu lengua es poderosa como la de la mantis que da vida y da muerte y sabe tejer formas como la poesía y es diestra en lides y ducha en argucias y canta una canción remota y mágica que invita al extravío
Pero por el camino de tu lengua viajo más hondo hasta el lugar donde naces gimiendo con un tremor antiguo y me sientes flotar reciente y húmeda
hasta el origen donde sueña la bestia su sueño más profundo y el placer es un banco de peces que relumbra entre sales marinas
hasta mi centro donde veo lo que no ven mis ojos cegados por las luces del mundo donde no existe la palabra
la torpe mercenaria
En consideración de la alegría
A qué llorar, me digo, todo estaba previsto me muerdo las falanges los asombros por qué miro la luna ajena y sola y sobria en su talante si desde siempre desde el nacer, desde el morir, y en cada hora pacientemente crece el hilo, crece, y también crece la baba del gusano y la piedra atravesada aquí, bebo y saludo y soy cordial con mi vecino ciego pues no son tiempos estos dados a patetismos, ni es elegante exhibir el dolor.
A qué llorar, me digo: sería inoportuno con la muchedumbre que ríe afuera con su risa de siglos.