Del reino de este mundo

Del reino de este mundo

Hablo de la muchacha que tiene el rostro desfigurado por el fuego y los senos erguidos y dulces como dos ventanas con luz, del niño ciego al que su madre le describe un color inventando palabras, del beso leporino jamás dado, de las manos que no llegaron a saber que la llovizna es tibia como el cuello de un pájaro, del idiota que mira el ataúd donde será enterrado su padre. Hablo de Dios, perfecto como un círculo, y todopoderoso y justo y sabio.