Otra vez ha llegado el arrogante amor sin anuncio y se ha instalado aquí donde tu nombre comienza a ser un árbol que me da sombra con sus siete letras sin permiso sin prisa -con un rostro tan nuevo que no conocí sus ojos antiquísimos sus garras de milano su paciencia- ha dado órdenes para que el sol alumbre y ha clavado su espuela aquí donde tus ojos me pierden y me ganan aquí donde tu voz donde tu mano lustra la piel de este animal que tiembla hirsuto y tan hermoso que ahora es guerrero el sueño al que despierto mientras la muerte huye de nuevo estoy a salvo “Ese animal triste”
Intentamos…
Intentamos. Alguno descubrió entre el hollín y el polvo una marmaja, o en noches muy oscuras un resplandor lejano. ¡Tanto sueño perdido, tanta esperanza rota, tanto para tan poco y tanta pena! Y apenas unas gotas de miel, licor ninguno. Una canción lejana, los retratos ajados de remotos bisabuelos, y palabras, palabras astilladas, palabras mutiladas por el tiempo.
“Círculo y Ceniza”
Laberinto
Condenada a ser sombra de tu sombra, a soñar con tu nombre en cada madrugada. Por la ventana abierta un olor errabundo de vida, -¿y tú en que calle?- un temblor en la luz, el llanto de algún niño. Y tus ojos cerrados, o tus ojos abiertos como dos golondrinas, y tu mano en el agua o tu mano en tu pelo o tu mano en el aire con su triste blandura, -¿y en qué calle tus pasos?- y yo en sueños atada al hilo de tus sueños, condenada a ser sombra de tu sombra, a soñar con tu nombre en cada madrugada.
“Círculo y Ceniza”
Nocturno
La noche, oscura loba, golpea las ventanas con una lluvia airada. A lo lejos un monótono ruido de motores recuerda la ciudad que se desvela. Duermen los niños y se puebla la casa con sus sueños de campos y caminos soleados. En el cristal mi rostro indiferente me devuelve impasible la mirada. Todo se ha detenido: el mundo afuera, las sombras misteriosas y en el libro el llanto de la pálida muchacha. Noche inmensa, noche sin bordes como un mar eterno. Un pensamiento leve: aquí alguien falta. Un estremecimiento. Allá, a lo lejos, una bocina suena y en el libro vuelve a llorar la pálida muchacha.
“Círculo y Ceniza”
Reliquias
Tías siempre observadas por aquel laberinto de retratos, con sus piernas de pájaro enredadas en ovillos de lanas de colores. Un camafeo guarda los cabellos que el afán de la muerte ha desteñido. Tías con manchas grises en las manos que minuciosamente multiplican de cojines sus cuartos numerosos, adormilados en la naftalina. Tías de labios rojos, que duermen vigiladas por bandejas de plata. A todos nos alcanzan sus bufandas eternas, que esperan un invierno que no llega.
“Círculo y Ceniza”
Romance
Escucha, amor, ¡viene la muerte avisando! Oye entre las duras piedras su rumor. Viene la muerte al galope silenciosa y embozada. Calla y en tu corazón escucharás sus pisadas. Viene la muerte enredando en su lanza desalmada todo lo que va topando. Viene enredada en la flor, viene en el sol dominguero. Calla, amor, calla y escucha, pues ha hecho nido en mi pecho. ¡Y tus besos derramados, y tu alma malqueriendo, y en tu mirada distante toda la vida latiendo!
Viene la muerte cantando, viene la muerte avisando: Oye, amor cruel e inconstante su rumor.
“Círculo y Ceniza”
Saqueo
Como un depredador entraste en casa, rompiste los cristales, a piedra destruiste los espejos, pisaste el fuego que yo había encendido.
Y sin embargo, el fuego sigue ardiendo. Un cristal me refleja dividida. Por mi ventana rota aún te veo. (Con tu cota y tu escudo me miras desde lejos). Y yo, mujer de paz, amo la guerra en ti, tu voz de espadas, y conozco de heridas y de muerte, derrotas y saqueos.
En mi hogar devastado se hizo trizas el día, pero en mi eterna noche aún arde el fuego.
“Círculo y Ceniza”
Señales
La luna brilla con ese furor ciego que es señal inequívoca de que ha llegado el tiempo fértil del sacrificio. Huele a la piel rayada de los tigres, a orquídea que se abre, al humus que comienza a oscurecer la lluvia. En un sueño de ríos y serpientes naufraga la muchacha envuelta en llanto y sus pechos recientes se estremecen con un temblor antes desconocido. La muñeca que abraza tiene los ojos muertos. Y el ángel de la guarda marca una cruz con sangre sobre sus muslos blancos.
“El hilo de los días”
Soledades
Exacto y cotidiano el cielo se derrama como un oscuro vino, se agazapa a dormir en los zaguanes, endurece los patios, los postigos, enciende las pupilas de los gatos. En las mezquinas calles minuciosos golpean los pasos de la frágil solterona que sabe que no hay luz en su ventana. En el aire hay olor a col hervida y detrás de la ropa que aporrea la piedra un canto de mujer abre la noche. Es la hora en que el joven travesti se acomoda los senos frente al espejo roto de la cómoda, y una muchacha ensaya otro peinado y echa esmalte en el hueco de sus medias de seda. Abre la viuda el closet y llora con urgencia entre trajes marrón y olor a naftalina, y un pubis fresco y unos muslos blancos salen del maletín del agente viajero. Un alboroto de ollas revuelca la cocina del restaurante donde un viejo duerme contra el sucio papel de mariposas, mientras como una red sin agujeros nos envuelve la noche por los cuatro costados.
“Círculo y Ceniza”
Tu nombre
Cuando el dolor ha triturado ya el último hueso de mi noche y sólo habla el silencio al corazón insomne que hila y deshila penas y memorias viene tu nombre hasta mi cuarto a oscuras. Con un galope seco viene tu nombre abriendo un camino entre nieblas instaurando sus voces sus redobles sus erres que retumban como un grito de guerra su bronco acento de campana rota. Tu nombre es tantas cosas: el recuerdo de un barco que viene de ultramar y sus tercos marinos el fuego entre la piedra gota roja que va tiñendo la pared del alba. En él puede escucharse la voz de los que creen con mística implacable y fe colérica. Pero es también dulzura tu nombre muro blanco donde mi mano traza los signos del sosiego lugar donde recuesto mi cabeza. Entre tu nombre y tú sin embargo un silencio una grieta nocturna donde anidan los pájaros.
“El hilo de los días”
Tu boca viene a mí, solo tu boca…
Tu boca viene a mí, solo tu boca. Viene volando, libélula de sangre, llamarada que enciende ésta mi noche de ceniza. Toda la sal del mar habita en ella, todo el rumor del mar, toda la espuma. Boca para los besos dibujada, donde duerme tu lengua tentadora. Todo el vino del mundo está en tu boca, todo el pecado y la inocencia toda. Boca que calla y cuando dice, oculta. Capaz de toda la verdad tu boca, de toda la verdad y la mentira. Ríe tu boca y se despierta el día. (Relámpagos de nieve hay en tu risa). Como un tropel de potros me atropellan los besos de tu boca deliciosa; tu boca, mariposa equivocada, tu boca ajena que se desdibuja en mi noche de círculo y ceniza.