A qué llorar, me digo, todo estaba previsto me muerdo las falanges los asombros por qué miro la luna ajena y sola y sobria en su talante si desde siempre desde el nacer, desde el morir, y en cada hora pacientemente crece el hilo, crece, y también crece la baba del gusano y la piedra atravesada aquí, bebo y saludo y soy cordial con mi vecino ciego pues no son tiempos estos dados a patetismos, ni es elegante exhibir el dolor.
A qué llorar, me digo: sería inoportuno con la muchedumbre que ríe afuera con su risa de siglos.
Hablo de la muchacha que tiene el rostro desfigurado por el fuego y los senos erguidos y dulces como dos ventanas con luz, del niño ciego al que su madre le describe un color inventando palabras, del beso leporino jamás dado, de las manos que no llegaron a saber que la llovizna es tibia como el cuello de un pájaro, del idiota que mira el ataúd donde será enterrado su padre. Hablo de Dios, perfecto como un círculo, y todopoderoso y justo y sabio.
Ese sonar de aldabas me levantó del sueño, sobresaltó mi corazón dormido. Cuánto ruido trajiste a esta casa: Qué músicas extrañas, qué silencios no oídos. Todos los corredores se poblaron de ti y olvidaron de golpe su soledad de siglos. Un aroma de mar invadió las alcobas y a un día tembloroso se abrieron sus postigos. Ese sonar de aldabas sobresaltó mi noche, rompió candados y rompió cerrojos. No podía saber que cuando el aire barriera el polvo en todos los rincones y de olor a manzanas se llenara la huerta, te marcharías sin sonar de aldabas, dejando tus silencios y las puertas abiertas.
“Círculo y Ceniza”
Otra vez ha llegado el arrogante amor sin anuncio y se ha instalado aquí donde tu nombre comienza a ser un árbol que me da sombra con sus siete letras sin permiso sin prisa -con un rostro tan nuevo que no conocí sus ojos antiquísimos sus garras de milano su paciencia- ha dado órdenes para que el sol alumbre y ha clavado su espuela aquí donde tus ojos me pierden y me ganan aquí donde tu voz donde tu mano lustra la piel de este animal que tiembla hirsuto y tan hermoso que ahora es guerrero el sueño al que despierto mientras la muerte huye de nuevo estoy a salvo
“Ese animal triste”