Como un depredador entraste en casa, rompiste los cristales, a piedra destruiste los espejos, pisaste el fuego que yo había encendido.
Y sin embargo, el fuego sigue ardiendo. Un cristal me refleja dividida. Por mi ventana rota aún te veo. (Con tu cota y tu escudo me miras desde lejos). Y yo, mujer de paz, amo la guerra en ti, tu voz de espadas, y conozco de heridas y de muerte, derrotas y saqueos.
En mi hogar devastado se hizo trizas el día, pero en mi eterna noche aún arde el fuego. “Círculo y Ceniza”