Soneto para Helena

Soneto para Helena

Vencida por los años, en la dulce tibieza del hogar y la luz albos copos hilando, dirás embelesada mis versos recordando: Ronsard cantó los días de mi feliz belleza.

Ya no habrá quién recoja de tu voz la tristeza, ni esclava soñolienta que el percibir el blando rumor en que me nombras, dichosa despertando con férvida loanza bendiga tu realeza.

Mi cuerpo bajo tierra, tan sólo ya mi alma Yagará de tus mirtos umbrosos en la calma, mientras tú, cerca al fuego, te acoges aterida.

Y has de llorar entonces esa altivez insana… No te niegues, escúchame, no esperes a mañana: cíñete desde ahora las rosas de la vida.

Versión de Carlos López Narváez