¿Qué decís y qué hacéis, niña mía? ¿En qué soñáis? ¿Pensáis acaso en mí? ¿Acaso no os preocupa mi desmayo, y este penar por vos que me envenena?
Por vuestro amor mi corazón se agita y ante mis ojos yo os veo sin cesar, ausente os escucho y aun os oigo, y sólo vuestro amor suena en mi pensamiento.
Siempre están vuestros ojos, vuestras gracias y encantos en mí grabadas y también los lugares donde os viera danzar, leer y hablar.
Os tengo como mía, y si yo no soy mío, vos sois la sola que en mi pecho respira, mi ojo, mi sangre, mi desgracia y mi bien.
Versión de L. S.