Sonetos para Helena

Sonetos para Helena

I Hoy, primero de mayo, Helena, yo te juro por Cástor y por Polux, tus hermanos gemelos, por la vid enlazada al tronco de los olmos, por los prados, los bosques erizados de verde,

por la estación primera de la Naturaleza, por el cristal que corre por el fondo del río y por los ruiseñores, milagro de los pájaros, que sólo has de ser tú mi última aventura.

Únicamente tú me gustas; pues si amo tu juventud ha sido por elección, no azar: y voluntariamente acepto mi pasión.

Me confieso hacedor de mi propia fortuna: virtud me ha conducido a esta afectividad. Si la virtud me engaña, adiós bella Querida.

II Bebiendo a largos tragos el fulgor amoroso que exhala la belleza de tus ojos, me ciego. Turbada la razón y el alma, no disfruto, y, como ebrio de amor, se tambalea mi cuerpo.

Me late el corazón en las sienes, se enfría mi calor natural de miedo, mis sentidos deshechos se eterizan, y quedas satisfecha de adquirir, por mi muerte, fama de crueldad.

Tu mirar fulminante me traspasa la piel, el corazón, el cuerpo, con sus rayos cual saetas que me alcanzan el alma; y, si quiero dolerme

o pedir compasión de este mal que recibo, de tal modo me oprime tu crueldad la voz que no me atrevo a hablar por temor a tus ojos. Versión de Pedro Gandía