El viejo y las ninfas

El viejo y las ninfas

Un viejo solitario habita la montaña. Hace muchos inviernos se cerraron sus ojos por mirar a las ninfas -peligrosos antojos-. Desde entonces el recuerdo de tal visión lo baña.

Vive de ese recuerdo. -Sí, las ví, me contesta. Helopsikria y Limnantis, las de cabellos lisos. Estaban en la orilla como para una fiesta, junto a las aguas verdes del estanque de fisos.

Inclinaban sus frentes eróticos instintos bajo la cabellera. Las uñas transparentes. Los pequeños tesoros de los senos ardientes eran maravillosos cálices de jacintos.

Paseaban sus largos dedos sobre las linfas, engarzando nenúfares de tallos elegantes. y en redor de los muslos ágiles de las ninfas formaba el agua círculos cada vez más distantes. Versión de Víctor Sánchez Montenegro