Cómo vivir en otra parte sino cerca del gran árbol blanco de aquella lámpara El anciano arrojó uno a uno sus dientes de marfil Para qué seguir mordiendo a esos niños que no mueren nunca El anciano Los dientes Sin embargo no era el mismo sueño Y cuando se imaginó que era tan grande como Dios mismo cambió su religión y abandonó su vieja cámara oscura Después compró nuevas corbatas y un armario Pero ahora su cabeza tan blanca como un árbol ya no es en efecto más que una miserable bolita abajo de las gradas De lejos la bola se mueve Hay un perro al lado y en su forma De lejos cuando el perro se mueve ya no se sabe si es la bola
De “La guitarre endormie” 1919 Versión de César Moro