Coplillas de un secreto

Coplillas de un secreto

Nadie lo sabe y lo dice: sólo tú por mi secreto, ¿Con qué llave penetraste por la cárcel de mi sueño? Teníamos la frontera: una almohada de por medio y de pronto, enredadera que va alzándose del suelo, le diste alcance a mi sombra y se iluminó el momento. Está, bien, mucho mejor. Así nos sabrán más frescos los abrazos, ya no queda vallado entre los dos huertos. Si alzábamos ese muro fue por gusto de romperlo después, que sabe mejor lo que antes tuvo misterio. Cada noche, colocaba en tus manos el llavero. mira si lo deseaba, y ya me estaba doliendo que tú supieras de mí todo, y un poquito menos. Mi secreto ya no era ni la sombra de un secreto. Con tu amor, subió hacia arriba, flotaba como algo muerto sobre mi mar porque tú alzaras después su peso: y ya ni pesa siquiera. Casi vuela, al extenderlo como una sábana limpia debajo de nuestros cuerpos. Nos hizo cómplices. Puso su sal, bajo nuestros besos y que el mundo pareciese recién estrenado, nuevo. Que yo no quiero tener -ay, amor, que no quiero tenerlo-, que no quiero conservar ni siquiera un pensamiento con las raíces antiguas clavándose en el pecho.