Ya me tiene mi Dios. Me ha señalado el pecho y la razón con su caricia, y ya siento el empuje que se inicia en forma inmaterial. Me he levantado
sedienta de confines y, logrado mi afán, he de buscarme la sonrisa y al despertar, entre la nueva brisa, veré mi corazón enajenado.
Porque ya voy a Ti, con esta entrega, déjame despedirme de la rosa y saludar la luz en su carrera.
Antes de comenzar mi dulce vuelo, el árbol prestará toda su sombra a la fiebre encendida de mi anhelo.