Amé su cuerpo entonces

Amé su cuerpo entonces

Amé su cuerpo entonces y su alma.

Su piel fue para mí la tierra firme; la soñé como un sexto continente no registrado en mapas todavía.

Soñé con la bahía de su boca.

Su pelo era una selva virgen que abría su misterio mineral y oscuro. Soñé con las ciudades de sus pechos.

Los ríos de las venas que afloran en su piel eran rutas abiertas a la navegación y al gozo.

Se podía viajar en su mirada.

En las blancas llanuras de sus manos yo cultivé el maíz y buenas relaciones.

Después no pude estar sino en su cercanía.

OTTO RAÚL GONZÁLEZ ( Guatemala, 1923 )