Dame tu pelo, dame su ramo torrencial de jaspe vivo. dame tus ojos, dame sus ópalos en llamas que lastiman. Dame tus dientes, dame su brillo en el clavel y su dominio que contiene el embate de mi lengua.
Dame tu pecho, dame la copa deleitosa de miel tibia. Dame tu muslo de oro, el pubis de violetas y rocío. Dame tu boca, dame la oreja de hostia fina, tu garganta de pájaro celeste.
Dame tus hombros, dame la cadera caudal y la cintura, el árbol, la serpiente de tu espalda, tus piernas que se queman en el frío. Dame tus uñas, dame su filo de navaja y media luna en la secreta oscuridad del cielo.
Dame tus manos largas que saben anudar tanta delicia. Tu axila de sal dame, tus nalgas siempre vivas. Como el agua cantando, atardeciendo, como el aire de nieve y aleluya me sumiré en tu mar, hablará el fuego.
Dame el mar que te habita costa a costa y la niña fragancia de tus islas, la campana que tiembla en el crepúsculo, el sonido despierto, el que anochece. Dame luz y palabras y silencio. Dame tiempo y lugar, dame la nada, dame amor, dame olvido, dame muerte.
FERNANDO GONZÁLEZ-URÍZAR ( Chile, 1922 )