Querida señorita que aquella tarde del pecado mortal lóbregamente abrístete al temor y temblor los dedos cuya uña vibrar quebrar iban luego a rasgarte descubriste el hombro rosa la pared luminosa de la espalda las caderas redonda miel que aleteabas huías fenecías de amor líquido olores y amoníaco arcos violentos te llenabas de sustancias espesas fortalecías y los músculos de asombro dibujaban sombras y grutas nuevas ¿por qué ahora te disfrazas pintas las grietas cubres las amadas? ¿por qué ahora miras el reloj buscas una calle?
FÉLIX DE AZCÚA ( España, 1944 )