Hospes comesque corporis Adriano
Te amé tanto que, un día, abandonó mi alma la cárcel de su cuerpo. Errátil, y no hallándote, regresó a la morada que yo daba por mía. Mas no estaba mi cuerpo donde allí lo dejara, sino el tuyo, vastísimo, como un templo de oro. y no le diste asilo. Y ya no tendré muerte. VICENTE NÚÑEZ ( España )