Odalisca de harén que me enamora, la hora de su cita es la que aguardo para aspirar la esencia embriagadora de su carne, olorosa como nardo.
De sus ojos la llama abrasadora me enardece, punzante como un dardo, ya su cuerpo de diosa triunfadora le rinde parias mi laúd de bardo.
De la noche en la sombra misteriosa, en el muelle diván color de rosa le brindo mis caricias, mis excesos;
y turbando el silencio de la alcoba en nuestras bocas, que el placer arroba, estallan, resonantes, nuestros besos. ADRIANO M. AGUIAR (Paraguay, 1864-1912)