Ha pasado la flor del aire, las calmas espesas del sur. Ha tenido las piernas sacudidas de olores, caladas por un éter fugaz y anunciador. Aspira el aire como asiéndolo cuando imágenes rojas de poniente le vienen del horizonte al vaso. Porque la figura del deseo como un verso dura más que el tiempo que condensa y después, en estos prostíbulos tristes, renace a veces, rígida y fugaz como un verso, sin futuro, sin esperanza como un verso, rígida.
CARLOS PIERA (España, 1942)