Se nublaron los cielos de tus ojos, y como una paloma agonizante, abriste en mi pecho tu semblante que tiñó el rosicler de los sonrojos.
Jardín de nardos y de mirtos rojos era tu seno mórbido y fragante, y al sucumbir, abriste, palpitante, las puertas de marfil de tus hinojos.
Me diste generosa tus ardientes labios, tu aguda lengua que cual fino dardo vibra en medio de tus dientes.
Y dócil, mustia, como débil hoja que gime cuando pasa el torbellino, gemiste de delicia y de congoja.
EFRÉN REBOLLEDO ( España, 1877 - 1929 )