Estaba allí, perfecta, bella, sin sombra en las pupilas verdes. El oro, de corona; el transparente nácar, de túnica; la sonrisa, de aureola. Bella, perfecta, en pura geometría de mármol y caricia del sol último. ¿Qué pensamiento, bajo la amplia frente? ¿Qué beso al borde de los labios? ¿Qué imagen, tras los ojos detenidos en una mariposa del espacio? Allí, perfecta, bella. Entre los dedos, un alma de paloma, muerta, luchando por entrarse hasta su sangre, y anidar, otra vez, bajo su seno. En torno, el ángel de la música se iba, en ocaso, el mar, desvaneciendo.
EUGENIO FLORIT ( Cuba, 1903 - 1989 )