Si pudieras nacer de mis dos senos en vez de dormitar en quieto vientre, yo te iría llevando, amado, entre dos montes de salud y lumbre llenos.
Te encontrarías en vírgenes montañas, donde sombras en luces se confunden y saltan turbulentas y se hunden en la sima veloz de mis entrañas.
Tú estarías, alma y cuerpo muy serenos, reposando sobre híbridas alfombras -pura esencia de luces y de sombras- contemplando el misterio de mis senos,
que, halcones de la luz, defenderían con el fuego inconsciente de sus poros y el fruto de sus selvas tan extrañas;
y al nacer dulcemente se abrirían gimiendo silenciosos en sus lloros, como aves que perdieran sus entrañas.
ANA ANTILLON ( Costa Rica, 1934 )