Y vuelvo a verme ciñéndome de nuevo a su cuerpo vuelvo a verme respirando su piel su pelo que apenas toco otra vez las lluvias otra vez la noche como un árbol centelleante ha cubierto la casa el ojo torrencial del cielo me juzga me condena oigo los rápidos chorreones caer en el patio siento la sumisión de las piedras el ángel que se debate en las sombras afila su perfil de fuego y lo vivo todo como si ya fuera memoria del exilio pero pasarán los años el adolescente se baña en el río que ya no lo refleja expone la desnudez bajo la luz brava del mediodía que hiere sus ojos con la mano con que endiosa el sexo escribe sobre la arena el latido de ese espacio salvaje pasarán los años pero sólo allí estará reposando la cabeza cerca de ese cuerpo respirando la última tersura de su piel la trama cenicienta de su pelo en la claridad que ha sido escindiendo el tiempo GUILLERMO SUCRE (Venezuela, 1932)