A la luna

A la luna

¡Oh tímida viajera, cándida peregrina! ¡Oh sílfide nocturna, luna casta y divina! Tan triste y soñadora, perdida en el celaje, ¿cuál es tu rumbo intérmine, tu sempiterno viaje?

Qué lentos son tus pasos, qué pálida tu frente, cuando asoma en la noche tu faz opalescente, y desde los collados, a la lumbre indecisa de tus rayos se esparcen aromas en la brisa.

Tú que llevas por halo tánta melancolía; Tú la que de mi pecho recibe idolatría, dime si eres el mundo o el alma de la muerte donde en flor o en arbusto la vida se convierte

Allá sobre tus montes, astro de la esperanza, allá sobre tus valles de clara lontananza, orilla a tus balsámicos arroyos argentinos, o bajo sus follajes sedantes y opalinos,

¿otra vez hallaremos madre, hermanos, amadas, todos los que partieron en horas desoladas, y los mismos amores, deliquios y embriagueces que nuestros corazones cambiaron tántas veces?

Ignace Nau (Haití, 1808 - 1839 ) Versión de: Carlos López Narváez