A la que más he amado y adorado cortando flores vi por la ribera; más de las que su mano recogiera fueron las que su pie abrió en el prado.
Millar de lazos que el Amor ha armado, flotaba el oro de su cabellera; el aire de su voz alivio era del fuego de sus ojos escapado.
El río se detuvo -tal vez quiso d’esa hermosura, vivo paraíso, ser el espejo y de su crencha blonda.
Parecía decirle: Oh Tú, fulgente faz, digna sólo de imperial corriente, ven a radiar en mi tranquila onda.
Torcuato Tasso, Italia, 1544 - 1595 Versión de: Carlos López Narváez