No, amor mío: que el radiante gozo de esos ojos -remansos de dulzura- no lo empañen las nieblas del sollozo.
Verdad: la ausencia -lenta sierpe oscura- va a cruzar por el tiempo detenido; y la muerte impasible, su figura cada instante ha de erguir en la pavura de un desvelado corazón transido.
Pero tus ojos claros y profundos saben hablar de amor y de ventura cual un mensaje de ignorados mundos.
Recordarlos será mirarte cerca; su solitaria cercanía de encanto será para mi sed piadosa alberca: no vayas a enturbiarla con el llanto.
W. Jones, soldado del Octavo ejército II guerra mundial Versión de: Carlos López Narváez