Trabajó durante toda su vida, sin reposo, ardiente y exaltado, casi seguro de la inmortalidad, -la suya, por supuesto, en primer término. Hasta que una noche el viento sopla de repente. La puerta se cierra con estrépito. Él ve las estatuas caer y golpearse las narices contra el suelo, y comprende. Las palabras que él había escrito con tanto celo por años y por años, se habían endurecido. Las sentía bajo sus dedos como la pelambre seca y neutra de una bestia muerta. Sin embargo, continuó su trabajo como de costumbre, hasta confundir la muerte y la inmortalidad, la embriaguez y el olvido. Pero llegó a poner en claro lo que es exactamente el trabajo entre la futilidad y el orgullo. El sonoro vaivén del péndulo tenía la resonancia de un tambor en la noche, como si ritmara una marcha de soldados somnolientos entre dos batallas.
Yannis Ritsos (Grecia, 1909 - 1990)
¡Tú que te sientas en trono resplandeciente, inmortal Afrodita! ¡Hija de Zeus, sabia en las artes de amor, te suplico, augusta diosa, no consientas que, en el dolor, perezca mi alma! Desciende a mis plegarias, como viniste otra vez, dejando el palacio paterno, en tu carro de áureos atalajes. Tus lindos gorriones te bajaron desde el cielo, a través de los aires agitados por el precipitado batir de sus alas. Una vez junto a mí, ¡oh diosa!, sonrientes tus labios inmortales, preguntaste por qué te llamaba, qué pena tenía, qué nuevo deseo agitaba mi pecho, y a quién pretendía sujetar con los lazos de mi amor. Safo, me dijiste, ¿quién se atreve a injuriarte? Si te rehuye, pronto te ha de buscar; si rehúsa tus obsequios, pronto te los ofrecerá él mismo. Si ahora no te ama, te amará hasta cuando no lo desees. ¡Ven a mí ahora también, líbrame de mis crueles tormentos! ¡Cumple los deseos de mi corazón, no me rehuses tu ayuda todopoderosa!
Lamento: Dulce madre mía, no puedo trabajar, el huso se me cae de entre los dedos Afrodita ha llenado mi corazón de amor a un bello adolescente y yo sucumbo a ese amor. SAFO DE LESBOS ( Grecia, 600 a.c ) Versión de: L. S.