Oda a Afrodita

Oda a Afrodita

¡Tú que te sientas en trono resplandeciente, inmortal Afrodita! ¡Hija de Zeus, sabia en las artes de amor, te suplico, augusta diosa, no consientas que, en el dolor, perezca mi alma! Desciende a mis plegarias, como viniste otra vez, dejando el palacio paterno, en tu carro de áureos atalajes. Tus lindos gorriones te bajaron desde el cielo, a través de los aires agitados por el precipitado batir de sus alas. Una vez junto a mí, ¡oh diosa!, sonrientes tus labios inmortales, preguntaste por qué te llamaba, qué pena tenía, qué nuevo deseo agitaba mi pecho, y a quién pretendía sujetar con los lazos de mi amor. Safo, me dijiste, ¿quién se atreve a injuriarte? Si te rehuye, pronto te ha de buscar; si rehúsa tus obsequios, pronto te los ofrecerá él mismo. Si ahora no te ama, te amará hasta cuando no lo desees. ¡Ven a mí ahora también, líbrame de mis crueles tormentos! ¡Cumple los deseos de mi corazón, no me rehuses tu ayuda todopoderosa!

Lamento: Dulce madre mía, no puedo trabajar, el huso se me cae de entre los dedos Afrodita ha llenado mi corazón de amor a un bello adolescente y yo sucumbo a ese amor. SAFO DE LESBOS ( Grecia, 600 a.c ) Versión de: L. S.

Haití

A la luna

¡Oh tímida viajera, cándida peregrina! ¡Oh sílfide nocturna, luna casta y divina! Tan triste y soñadora, perdida en el celaje, ¿cuál es tu rumbo intérmine, tu sempiterno viaje?

Qué lentos son tus pasos, qué pálida tu frente, cuando asoma en la noche tu faz opalescente, y desde los collados, a la lumbre indecisa de tus rayos se esparcen aromas en la brisa.

Tú que llevas por halo tánta melancolía; Tú la que de mi pecho recibe idolatría, dime si eres el mundo o el alma de la muerte donde en flor o en arbusto la vida se convierte

Allá sobre tus montes, astro de la esperanza, allá sobre tus valles de clara lontananza, orilla a tus balsámicos arroyos argentinos, o bajo sus follajes sedantes y opalinos,

¿otra vez hallaremos madre, hermanos, amadas, todos los que partieron en horas desoladas, y los mismos amores, deliquios y embriagueces que nuestros corazones cambiaron tántas veces?

Ignace Nau (Haití, 1808 - 1839 ) Versión de: Carlos López Narváez

Nostalgia

Cruje la fina arena… Por la avenida, una blanca figura, negros cabellos… -¿Quién será la radiante desconocida que dora la mañana con sus destellos?

Cabellera opulenta donde encendida caricia pone el cielo. Por los senderos, grácil, rítmicamente desvanecida va dejando fragancia de limoneros.

Se esfuma. ..ya mi alma para su daño regresan las visiones, torna el engaño… También así mi dulce criolla pasaba,

bajo arcos floridos, como una diosa, ingrávida, y esbelta, nocturna rosa… y me sangra la herida que ya cerraba.

Louis Morpeau ( Haití, 1786 - 1861 ) Versión de: Carlos López Narváez

Ternura

Pónte sombra en los labios y anochéce los ojos, que ya el sol parte el día y se agobia callado.

Amo ver la dulzura d’ese rizo divino qu’entreabre tus dientes al asombro del mundo.

Pónte sombra en los labios y anochéce los ojos… Una solar ternura tiende su postrer lampo besando los palmares de l’ardiente bahía…

Sobre la mar inmóvil s’empavesan los barcos de sopor y de hastío, de gaviotas y albatros.

Armoniza en tu clave los arrullos más hondos.

Pónte sombra en los labios y anochéce los ojos.

Lys Ambroise ( Haití, 1786 - 1861 ) Versión de: Carlos López Narváez

India

Plenitud

Canta, cuchillo despiadado, Luna funesta, sigue en tu desolación, Flechas de amor, disparen. Ha vuelto, al fin, mi amor. Otra vez tengo casa. Otra vez tengo Dios. Otra vez tengo cuerpo. Soy yo.

Vidyapati India 1352-1448 Versión de Gabriel Zaid

Si…

Si puedes estar firme cuando tiemblen de miedo todos te señalen con vengativo dedo; si cuando todos duden de ti, tú dices: Puedo confiar en mí, y dejarlos en su pobre opinión; si sabes esperar sin cansar la esperanza; si contra la calumnia no opones la venganza; si sabes ser odiado sin odiar; si en balanza calculas tus miradas, de tu palabra el son.

Y puedes soñar sin vivir de tu sueño; si haces de tu pensar un esclavo y no un dueño; si al triunfo y al desastre con semblante risueño -a ese par de impostores- los sabes domeñar; si, frío, puedes ver la verdad de tu boca urdida en redes para la muchedumbre loca, o el barco de tu vida roto contra la roca con el mellado escoplo volver a comenzar.

Si sabes arriesgar tu fortuna a montones al azar misterioso de los pares y nones y comenzar de nuevo a acumular doblones y de tu desventura no murmurar después; y si forzar pudieres tu corazón, tu anhelo, tus nervios moribundos a servirte con celo. ¡Adelante! Aunque todo rodara por el suelo, salvo el QUERER que grita para ti, ¡Vamos pues!

Si la plebe no mancha tu corazón erguido; si el honor de los reyes no te roba el sentido; si amigos y enemigos no te encuentran rendido; si das la mano al hombre sin besarla jamás; si puedes llenar cada minuto inaplazable con sesenta segundos de vigor implacable… La tierra será tuya y cuanto en ella es dable, y lo que es más, un HOMBRE, hijo mío, serás.

Rudyard Kipling (India, 1865 - 1936) Nobel de Literartura en 1907 Versión de Aquilino Villegas

Inglaterra:

Canción de amor de Alfred Prufrock

Vamos, tú y yo, a la hora en que la tarde se extiende sobre el cielo cual un paciente adormecido sobre la mesa por el éter: vamos a través de ciertas calles semisolitarias, refugios bulliciosos de noches de desvelo en hoteluchos para pernoctar y de mesones con el piso cubierto de aserrín y conchas de ostra, calles que acechan cual debate tedioso de intención insidiosa que desemboca en un interrogante abrumador… Ay, no preguntes: «¿De qué me hablas?» Vamos más bien a realizar nuestra visita.

En el salón las señoras están deambulando y de Miguel Angel están hablando.

La neblina amarilla que se rasca la espalda sobre las ventanas, el humo amarillo que frota el hocico sobre las ventanas, lamió con su lengua las esquinas del ocaso, se deslizó por la terraza, pegó un salto repentino, y vien,do que era una tarde lánguida de octubre, dio una vuelta a la casa y se acostó a dormir.

Ya habrá tiempo. Ya lo habrá. Para el humo amarillo que se arrastra por las calles rascándose sobre las ventanas. Ya habrá tiempo. Ya lo habrá. Para preparar un rostro que afronte los rostros que enfrentamos Ya habrá tiempo para matar, para crear, y tiempo para todas las obras y los días de nuestras manos que elevan las preguntas y las dejan caer sobre tu plato; tiempo para ti y tiempo para mí, tiempo bastante aun para mil indecisiones, y para mil visiones y otras tantas revisiones, antes de la hora de compartir el pan tostado y el té.

En el salón las señoras están deambulando y de Miguel Angel están hablando.

Ya habrá tiempo. Ya lo habrá. Para preguntarnos: ¿Me atreveré yo acaso? ¿Me atreveré? Tiempo para dar la vuelta y bajar por la escalera con una coronilla calva en medio de mi cabellera. Ellos dirán: «¡Ay, cómo el pelo se le está cayendo!» Mi sacoleva, -,el cuello que apoya firmemente mi barbilla, mi corbata, opulenta aunque modesta y bien asegurada por un sencillo prendedor.

Ellos dírán: «¡Ay, cuán flacos tiene los brazos y las piernas!» ¿Me aventuro yo acaso a perturbar el universo? En un mínuto hay tíempo suficiente para decisiones y revisiones que un minuto rectifica.

Pues ya los he conocido, conocido a todos: conocido las tardes, las mañanas, los ocasos; he medido mi vida con cucharitas de café, conozco aquellas voces que fallecen en un salto mortal bajo la música que llega desde el rincón lejano del salón Entonces, ¿cómo he de presumir?

Pues he conocido ya los ojos, conocido a todos, los ojos que nos sellan en una mirada formulada estando yo ya formulado, en un alfiler esparrancado; bien clavado retorciéndome sobre la pared. ¿Cómo comenzar entonces a escupir las colillas de mis costumbres y mis días? Entonces, ¿cómo he de presumir?

Pues he conocido ya los brazos, conocido a todos, brazos de pulseras adornados, níveos y desnudos (mas al fulgor de la lámpara cubiertos de leve vello de oro).

¿Será el perfume de un vestido lo que me hace divagar así? Brazos sobre una mesa reclinados o envueltos en los pliegues de un mantón. Entonces ¿habré de presumir? Y cómo he de comenzar acaso?

Diré tal vez: he paseado por callejuelas al ocaso y he visto el humo que sube de las pipas de hombres solitarios en mangas de camisa, sobre las ventanas reclinados

Hubiera preferido ser un par de recias tenazas que corren en el silencio de oceanicas terrazas. ¡Y la tarde, la incipiente noche, duerme sosegadamente! Acariciada por unos dedos largos, dormida… exhausta… o haciéndose la enferma sobre el suelo extendida, junto a ti, junto a mí. ¿Tendré fuerza bastante después del té y los helados y las tortas, para forzar la culminación de nuestro instante? Aunque he gemido y he ayunado, he gemido y he rezado, aunque he visto mi cabeza (algo ya calva) portada en una fuente, yo no soy un profeta -y ello en realidad no importa demasiado- he visto mi grandeza titubear en un instante, he presenciado al Lacayo Eterno, con mi abrigo en sus manos, reírse con desprecio. Y al fin de cuentas, sentí miedo.

Hubiera valido la pena, al fin de cuentas, después de las tazas, la mermelada, el té, entre las porcelanas, en medio de nuestra charla baladí, hubiera valido la pena morder con sonrisas la materia, enrollar en una bola al universo para arrojarla hacia algún interrogante abrumador. Poder decir: «Soy Lázaro que regresa de la muerte para os revelarlo todo, y así lo voy a hacer»… Y si al poner en una almohada la cabeza, una dijera: «No. No fue esto lo que quise decir. No lo fue. De ninguna manera» .

Hubiera valido la pena, al fin de cuentas, sí hubiera valido la pena, después de los ocasos, las zaguanes, las callejuelas salpicadas, después de las novelas, de las tazas de té y de las faldas por los pisos arrastradas. ¿Después de todo esto y algo más? Me es imposible decir justamente lo que siento. Mas cual linterna mágica que proyecta diseños de nervios sobre la pantalla, hubiera valido la pena, si al colocar un almohadón o arrancar una bufanda, volviendo la mirada a la ventana, una hubiese confesado: «No. No fue esto lo que quise decir. No lo fue. De ninguna manera».

No. No soy el príncipe Hamlet. Ni he debido serlo; más bien uno de sus cortesanos acudientes, alguien capaz de integrar un cortejo, dar comienzo a un par de escenas, asesorar al príncipe; en síntesis, fácil instrumento, deferente, presto siempre a servir, político, cauto y asaz meticuloso. A veces, en realidad, casi ridículo. A veces tonto de capirote.

Me vence la vejez. Me vence la vejez. Luciré el pantalón con la manga al revés.

¿Me peinaré hacia atrás? ¿Me arriesgo a comer melocotones? Me pondré pantalones de franela blanca y me iré a pasear a lo largo de la playa.

He oído allí cómo entre ellas se cantan las sirenas. Mas no creo que me vayan a cantar a mí. Las he visto nadando mar adentro sobre las crestas de la marejada, peinando las cabelleras níveas que va formando el oleaje cuando de blanco y negro el viento encrespa el océano.

Nos hemos demorado demasiado en las cámaras del mar, junto a ondinas adornadas con algas rojas y castañas, hasta que voces humanas nos despiertan, y perecemos ahogados.

Thomas Stearns Eliot ( 1888 - 1965) Premio Nobel de Literatura en 1948

Versión de Luis Zalamea

Cartas de Sinesio *

Carta VI

Encerrados aquí en nuestras casas, como en una prisión, estuvimos contra nuestra voluntad, con- denados a guardar este largo silencio.

Este otoño sentí el frío en mis huesos cuando en la fuente de Apolo las ranas empezaron a croar. Perséfona sin rostro. Por encima del Jebel el trueno rugía.

La fortuna en todas partes administrando sus dádivas, dispensando suerte a los bárbaros y los ateos. Y nosotros en la costa reparando los acueductos pero nos falló el agua.

Luego llegó el invierno y las calzadas se inundaron, manteniéndonos encadenados a nuestras inútiles bahías, acorralados por las tempestades, dejando a nuestro ganado vagar sin que nadie lo cuidara.

En alguna parte, al este, los administradores nos archivaron bajo una pila de descuidados documentos. Fuimos olvidados, menos por el hambriento recolector de impuestos.

El gobernador me envió una invitación de cantos dorados para celebrar el décimo-cuarto aniversario de la independencia. Allí veré al presumido cónsul-general expresándose en un latin de perros.

Mi cultivadísimo amigo, por favor trate de remitirme cualquier nuevo libro publicado por los sofistas: he leído las reseñas en revistas viejas de seis meses y me siento un provinciano.

“Comerciamos en mortajas: las gentes han cesado de morirse”. La fortuna ha frustrado nuestros deseos de muerte. Las cifras de la mortalidad infantil se han perdido por obra de la oficina del censo.

Recuérdeme ahora a mis viejos amigos y colegas. Discutiendo la Trinidad y la áurea dicción: Piense en que estoy aquí, esperando los fuegos de los asturianos.

Observe el sitio donde se acuclillan detrás de los acantilados, ignorando medida, facción y cisma, destinados por la ingrata fortuna para ser los auténticos herederos del Reino.

_Anthony Thwaite Inglaterra, 1930

  • Synesius: C. 370 - C.414. Nacido en Cirene, estudió filosofía en Alejandría con Hipatia y después en Atenas. Más tarde fue obispo en Ptolemais en la Penépolis libia. Sus cartas nos ofrecen una vívida pintura del estado del Imperio Romano en África durante el período que le tocó vivir._

Cuando están nuestras almas frente a frente…

Cuando están nuestras almas frente a frente, mudas, erguidas, fuertes, ya muy próximas, y sus alas se encienden al tocarse, ¿qué podemos temer en este mundo,

qué anhelos no podrán satisfacerse? Piensa que si ascendemos a la altura acudirán los ángeles queriendo romper con su voz áurea y perfecta

nuestro amado silencio. No, es mejor, amor mío, quedarnos en la tierra, donde el afán absurdo de los hombres

a las almas más puras les concede un lugar donde amarse en esta vida, cercado por la muerte y las tinieblas.

De “Sonetos del portugués”

Elizabeth Browning Inglaterra, 1806 -1861

El verso

Más que Ilíon en ruinas vive Elena y Alcestes se levanta entre las sombras. El verso las evoca: es el verso el que da inmortal juventud a doncellas mortales.

Pronto el oscuro velo del olvido ocultará esas lomas pobladas que contemplas, al alegre, al soberbio; y en tanto, nos saludan a ti y a mí, por largos estíos, los amantes.

Walter Savage Landor (1755-1864)

Versión de Màrie Montand

Identidades

II ¿Te acordarás de mí Tatania cuando el mapa de esta región esté doblado cuando ya no veas más la baja torre y las colinas el puente jorobado y el arroyo a través de los sauces?

Nos detuvimos en la puerta de los besos, la lanzadera se entrelaza a la noche; el viento viaja lejos Tatania y tú debes seguirlo. ¿Cuando remember y septiembre rimen debo rimarlos para una traducción de café?

Las colinas esperan como siempre la caricia del ojo, el ansioso pie de la gloria o el destello cálido; sobre campos sucesivos, rompedores de límites se elevan a un legado de horizontes: ¿Me recordarás Tatania mientras me adhiero a esas marcas y cicatrices que se desvanecen de tu mente? Estamos aquí en el final del día, las colinas esperan, los campos son un verde mar. Y más cerca la luz falla cambia y se esfuma y nuestros ojos guardan línea con la rama, silueta de hoja…

Cuando Lázaro yazga en su larga tumba y las hojas muertas tiemblen en su olvidadiza danza, ¿me recordarás Tatania ? ¿Volveré como un fantasma a turbar tu alegría? Tatania, Tatania, ¿qué recordarás? Aquí, con tus labios en los míos, ¿quién piensas que soy yo?

Matthew Mead Inglaterra, 1924 Versión de Aurelio Arturo

Mi corazón

Mi corazón, cuando el mirlo canta la primera, mi corazón bebe su canto: un fresco placer llena mi pecho que expandido recorre cada nervio.

Mi pecho remolinea silencioso, mi corazón está agitado y fresco como cuando un rosal silvestre movido por el viento arrastra una piedra al estanque.

Pero puesto en ti, cuando a ti te encuentro, mi pulso se espesa y corre, como cuando el lago alterado se ennegrece, encrespándose al soplo del viento.

Robert Louis Stevenson (Inglaterra, 1850-1894)

Si debes olvidar

Cuando haya partido al silencioso, desolado país, país lejano, ya sin llevar mi mano entre tu mano, ni andar contigo al vesperal reposo;

cuando de un mañana venturoso no forjemos el sueño cotidiano… recuérdame, no más: tarde y en vano se alzarían el ruego y el sollozo.

Pero si debes olvidar a veces, no te aflijas si entre reconditeces de tiempo y sombra para ti me pierdo.

Será más dulcemente dolorido ver plegarse las rosas de tu olvido que alzarse entre tinieblas mi recuerdo.

Cristina Rossetti Inglaterra, 1830 - 1894

Versión de: Carlos López Narváez

_Visión de las Islas Bermudas

Allá lejos, muy lejos, donde cabalgan las Bermudas. el invisible seno del mar, esta canción de algún pequeño barco los vientos escucharon: Hermanos ¡aleluya! Prodigaremos alabanzas al que por espesuras líquidas nuestro paso guiara. Han visto nuestros ojos islas ignoradas, en fragante riqueza superiores a la tierra natal. Los vigorosos monstruos¡, cuyos lomos sublevan las simas del océano, desarmados aquí naufragan sin remedio, y nosotros a prados apacibles arribamos, resguardados de sañas y tormentas.

¡Perenne primavera, esmalte de los días! La lluvia de los pájaros no cesa desde el aire. De los naranjos cuelgan brillos como doradas lámparas en una verde noche; las granadas recluyen tesoros más espléndidos que las joyas de Ormuz. Vecinos higos negros desprende nuestra boca de los árboles; con melones redondos juegan nuestras pisadas, y es la piña tan grave que una sola en cada planta luce suficiente.

¡Laudanzas a quien puebla de cedros olorosos la arboleda y proclama en las playas el ámbar gris hurtado a las rompientes olas! ¡Él, Él mismo, en esas rocas un templo diseñó donde alabar su nombre!

¡Hónrenlo nuestras voces! ¡Levantad los acentos a la infinita bóveda celeste, y resonando puedan viajar después ecos detrás del orgulloso golfo de México! Así cantaban los marinos de aquel barco: vivaz, devota música; y del canto guardaban el compás con el caer del remo._

Andrew Marvell (Inglaterra, 1621 - 1678)

Versión de Jaime García Torrés

Irlanda:

El artista

Ardió su alma, una noche, el deseo vehemente de perpetuar tu imagen, placer que solamente por un instante duras, y fuese por el mundo a conseguir el bronce para sus esculturas.

Y era el bronce la única obsesión de su mente. Más en el mundo había desaparecido el bronce: en la extensión del mundo se erguía únicamente el bronce de una estatua: la del dolor que dura eternamente. Esa estatua, obra suya, púsola con sus manos, en días ya lejanos, en la tumba del único ser que adoró en la vida… En la tumba desierta de la muerta criatura que amara con pasión enloquecida levantó la figura dolorida como alma de su alma, como eterna señal del amor de los hombres que perdura y como vivo símbolo del dolor de los hombres que para siempre dura.

Y en la extensión del mundo no había ya más bronce que el de aquella escultura.

Arrancóla el artista del sarcófago, y luego, sobre la enorme boca de un horno incandescente, viola fundirse al ósculo devorador del fuego.

Y con el bronce mundo del dolor que perdura eternamente modeló de otra estatua la figura: la estatua del placer que solo dura un instante.

Oscar Wilde Irlanda, 1854 - 1900

Italia:

A la que más he amado y adorado…

A la que más he amado y adorado cortando flores vi por la ribera; más de las que su mano recogiera fueron las que su pie abrió en el prado.

Millar de lazos que el Amor ha armado, flotaba el oro de su cabellera; el aire de su voz alivio era del fuego de sus ojos escapado.

El río se detuvo -tal vez quiso d’esa hermosura, vivo paraíso, ser el espejo y de su crencha blonda.

Parecía decirle: Oh Tú, fulgente faz, digna sólo de imperial corriente, ven a radiar en mi tranquila onda.

Torcuato Tasso, Italia, 1544 - 1595 Versión de: Carlos López Narváez

Abro a la mañana de un blanco lunes…

Abro a la mañana de un blanco lunes la ventana, y la calle indiferente roba entre su luz y sus rumores mi presencia infrecuente entre las hojas. Este moverme… en días totalmente fuera del tiempo que parecía consagrado a mí, sin regresos ni paradas, espacio lleno todo de mi estado, casi prolongación de la existencia mía, de mi calor, del cuerpo mío… y se ha truncado… Estoy en otro tiempo, un tiempo que dispone sus mañanas en esta calle que yo miro, ignoto, en esta gente fruto de otra historia

Pier Paolo Passolini Italia, 1922 - 1975

Besos para Catulo

Vivamos, Lesbia mía, y amémonos. Que los rumores de los viejos severos nos tengan sin cuidado. El sol puede salir y ponerse, pero cuando acabe nuestra breve luz dormiremos una noche sin fin. Dame mil besos, después cien, luego otros mil, luego otros cien, después hasta dos mil, después otra vez cien; luego, cuando lleguemos a muchos miles, hay que perder la cuenta para que no pueda el envidioso hechizarnos si se conoce el total de nuestros besos.

Catulo ( Roma, 87 a.C.-54 a.C.)

Habitación de hotel

No ha llegado la noche todavía y ya es de noche en esta habitación donde ayer cabía el mundo entero y hoy sobramos los dos y sólo cabe la noche, que ya tarda, sin final.

Ada Negri Italia, 1870-1945 Versión de José Luis García

Lo desconocido

Dí: ¿lo viste pasar en la noche? -Lo he visto. -¿Por ventura, lo viste ayer tarde? -Cada tarde lo miro pasar. -Y dí: ¿te ha mirado? -Nunca mira lo que hay a su lado; siempre mira tan sólo hacia allá… -¿Hacia allá donde el cielo comienza?

  • …y la tierra se acaba. Hacia allá… A la franja de lumbre que deja el tramonto… Hacia allá… -¿Y después del tramonto? -Se aleja…

-¿Solo? -Solo. -¿Vestido? -De negro. -¿Siempre? -Siempre vestido de negro… -¿Sabes, por ventura, dónde se detiene? -Nadie sabe su tiempo, su espacio… Nadie sabe cuál es su cabaña; nadie sabe cuál es su palacio.

Aldo Palazzeschi Italia, 1885 - 1974 Versión de: Carlos López Narváez

Muchachas florentinas

Sobre el rítmico paso virginal ondeaba la crencha musical, de un tibio sol bajo la refulgencia.

Tres eran ellas y una sola gracia ondulaba en el paso virginal.

Riza y negra la crencha musical, tres eran ellas y una sola gracia de los seis pies en la canción marcial.

Dino Campana Italia, 1885- 1932 Versión de: Carlos López Narváez

Japón:

Haiku

1 Pasó el ayer, pasó también el hoy: se va la primavera.

2 La flor del té, ¿es blanca o amarilla? Perplejidad.

3 Melancolía, más que el año pasado: tarde de otoño.

4 Lluvias de mayo. Y enfrente del gran río un par de casas.

5 Un aguacero. Se agarran a las yerbas, los gorriones.

Yosa Buson Japón, 1716-1783 Versión de: Antonio Cabezas

Latvia y Letonia:

Idilio

Dime, Bien-amada :

-¿Dónde hallaste palabras tan claras? -Largo tiempo he mirado la turba.

-¿Dónde hallaste palabras tan bellas? -Largo tiempo he mirado la luna.

-¿Dónde hallaste palabras tan graves? -Largo tiempo he mirado la bruma.

Dime, Bien-amado:

-¿Dónde hallaste palabras tan suaves? -Largo tiempo te he visto en mi fiebre.

-¿Dónde hallaste palabras tan dulces? -Largo tiempo me he visto en tu frente.

-¿Dónde hallaste palabras tan hondas? -Largo tiempo yo he visto la Muerte.

Janis Plieksans ( Rainis ) Latvia, 1865 - 1927 Versión de: Carlos López Narváez

Soneto

¿Y tendré que luchar contra el olvido, y he de pedir que el grito del pasado no vibre más, y entre mi ser guardado quede cual otro ser jamás nacido?

No: todo lo que alienta me es amado, aun el antro de hervor estremecido; árbol mi vida al huracán erguido dirá al morir su !canto enamorado.

Si soy grano en la mies innumerable que vivió solo y fiel en el granero y germina en la siembra perdurable,

todo en redor de mis sentidos quiero: de racha y sol, de sima y de lucero fue formado mi espíritu insaciable.

Anna Brigadere Letonia, 1927 Versión de: Carlos López Narváez

Pakistán:

Soy otoño, eres primavera

Soy otoño que escucha los susurros de primavera en que nacen las flores de multicolores como el arco iris en la brizna, donde hay el sol y las caricias de mariposas. Soy otoño en que caen las hojas nacidas de primavera, están llenos de matices como la vida, atrapados en la blanca nieve, como tu cuerpo que husmeo en la frescura del aire, como que estás tocándome con tus yemas blancas para dejar el otoño enamorado de la primavera, como yo de ti, amada mía. Porque soy otoño, eres primavera.

Abdul R. Memom (Pakistán, 1979)

Palestina:

Mi ciudad está triste

El día en que conocimos la muerte y traición, se hizo atrás la marea, las ventanas del cielo se cerraron, y la ciudad contuvo sus alientos. El día del repliegue de las olas; el día en que la pasión abominable se destapara el rostro, se redujo a cenizas la esperanza, y mi triste ciudad se asfixió al tragarse la pena.

Sin ecos y sin rastros, los niños, las canciones, se perdieron. Desnuda, con los pies ensangrentados, la tristeza se arrastra en mi ciudad, un silencio plantado como monte, oscuro como noche; un terrible silencio que transporta el peso de la muerte y la derrota. ¡Ay, mi triste ciudad enmudecida!

¿Pueden así quemarse los frutos y las mieses, en tiempo de cosecha? ¡Doloroso final del recorrido!

Fadwa Tugan, Palestina, Neblus, 1917-2004

Rumania:

Eco

Llevabas esa tarde un traje verde, de brillo apagado, como el azogue de las fuentes profundas.

La luna había extendido su claridad de cera sobre tus hombros dorados aún desde el Verano, sobre tu frente, que parecía asombrarse de todo, y sobre tu boca, un momento tan próxima a la mía.

Recuerdo que los árboles hacían escuchar una canción desconocida para ambos…

Sonreías: tu sonrisa estaba hecha de recuerdos. Movías suavemente tus dedos cincelados, y yo tenía un millar de preguntas que hacerte como, quizás, solamente se puede interrogar al mar inquieto.

Todas las palabras me parecieron tan superfluas

como las hojas muertas de Octubre sobre el suelo.

Escuchábamos arrastrarse lentamente el silencio, como un zorro, entre las hojas amarillas.

Callábamos.

Callabas. Y la luna entre las largas ramas aclaraba tus hombros dorados, esa tarde. 1959 Dan Desliu Bucharest, (1927 -1996) Versión de Pablo Neruda De “44poetas rumanos” Ed. Losada

He besado la nieve

He besado la nieve- las huellas de tu paso la blanquearon. Acaricié los pinos- tu cuerpo respirando los hacía temblar. Bebí el agua helada del lago- en que tú te bañaste una noche de estío. He recorrido todos los caminos del mundo sin poder encontrar el sendero por donde andas ahora. Es de noche. Dime, oh luna blanca, frágil, tímida luna, desde cuando? 1959 T.G. Maiorescu, Bucharest, 1928 Versión de Pablo Neruda De “44poetas rumanos” Ed. Losada

La esposa

Mañana no pensarás en el sol de hoy día, y preguntarás al sol de mañana: ¿Eres el mismo sol? El camino que lleva a tu casa está cubierto de hojas muertas, pero en tu casa aún es Primavera. Meces tus niños al compás de la rueca y las flores te miran al pasar. Cuando yo esté muerto, mujer, no abandones la rueca, y cuando las flores pregunten: ¿Dónde está él? respóndeles: Está en la tumba, pero yo acuno su sueño al compás de mi rueca.

Cuando partí a la guerra y te besé en la frente tu palideciste con mi beso. Te has quedado sola mirando la llanura, y no veré amarillear el maíz al mismo tiempo que tú, y sin tí veré correr la sangre. Dirás al umbral: Ha partido para regresar. Dirás a los hijos: Volverá. Pero dirás a tu corazón: Ha muerto. Y gemirás sobre mí en el silencio de tu corazón, como las tórtolas se lamentan en el silencio de los bosques, pero no llores demasiado por mí porque las lágrimas son las hermanas mayores del olvido. Más, mecerás mi sueño con el rumor de tu rueca y le hablarás de las cosechas y de las praderas donde el maíz madura. La tierra ama la fecundidad y yo podré hablar a la tierra de sus frutos y la tierra donde yo duerma se llenará de júbilo.

Mañana ni pensarás en el sol de hoy día, y preguntarás al sol de mañana: ¿Eres el mismo sol?

Elena Vacaresco (Rumania, 1866 - 1958) Versión de Pablo Neruda De “44poetas rumanos” Ed. Losada

Metamorfosis

Pude haber sido un árbol, bajo el cua tú te habrías recostado cuando yo no te conocía, habría hecho oscilar dulcemente una de mis ramas, casi al azar, para besar tus ojos.

Habría sido quizás una hoja blanca, sobre la cual te hubieses inclinado pensando en silencio y yo habría besado, mientras tú dibujabas, el mármol de tu mano desnuda.

Hubiese podido ser un muro, un muro a la sombra del cual estaría con otro, no conmigo… Y yo con gran dolor me hubiera derrumbado ante tus ojos pálidos de espanto.

Eugen Jebeleanu, (Rumania, 1909 - 1991) Versión de Pablo Neruda De “44poetas rumanos” Ed. Losada

Silencio

Hay tanto silencio en torno que me parece oír estrellarse los rayos de la luna en los vidrios.

En mi pecho nace una voz extraña: una cadencia triste que no me pertenece.

Se dice que los antepasados muertos antes de tiempo, con sangre aún joven en sus venas, con sangre dueña de grandes pasiones, con el vivo sol en sus amores, vienen, vienen para terminar de vivir en nosotros su vida aún no vivida.

Hay tanto silencio en torno que me parece oír estrellarse los rayos de la luna en los vidrios.

Quién sabe alma mía, en qué pecho cantarás tú también más allá de los siglos, qué cuerdas de silencio harás vibrar, en qué arpa de tinieblas ahogarás tu nostalgia, quebrarás tu alegría de vivir ? Quién lo sabe ? Quién lo sabe ? 1919

Lucian Blaga, (Rumania, 1895 - 1962) Versión de Pablo Neruda De “44poetas rumanos” Ed. Losada

Rusia:

Ídolo

Entre agujas de pino, en el claro nevado, hay un ídolo evenko a la taiga mirando.

Altivo, entre sus párpados rugosos, un tiempo allí veía a tímidos evenkos ofrecerle presentes que traían.

Pieles de reno y miel, prendas de cuero, y buenas botas altas. Creían que él rogaba por todos y de todos se cuidaba.

Pensando oscuramente que él los comprendía, untaban en su boca sangre de reno aún tibia.

Más, ¿qué podía él, una deidad pequeña, con alma carcomida y cruel de madera?

Abandonado y muerto, entre las ramas hoy mira sin cesar. En él no cree ya nadie. Nadie le va a rezar.

Pero yo siento a veces que en la noche, en su claro desnudo se le encienden los ojos cubiertos por el musgo.

Y que aguza el oído a los rumores, mientras la nieve cae, lamiéndose los labios, ansioso de más sangre.

De “Ternura” Eugenio Evtuchenko Siberia, 1933

Turquía:

El despertar

Te has despertado ¿Dónde estás? En tu casa Todavía no te has acostumbrado a encontrarte en tu casa al despertar Es ésta una torpeza (una entre tantas) que trece años de cárcel te han dejado. ¿Quién está acostada a tu lado? No, no es la soledad Tu mujer Duerme como un ángel Le sienta bien, a la bella, estar encinta. ¿Qué hora es? Las ocho. Y eso significa que tú, hasta esta noche, estás seguro porque, según costumbre, la policía, mientras es de día no da comienzo a los allanamientos.

Nazim Hikmet Turquía, 1902-1963