Cuando haya partido al silencioso, desolado país, país lejano, ya sin llevar mi mano entre tu mano, ni andar contigo al vesperal reposo;
cuando de un mañana venturoso no forjemos el sueño cotidiano… recuérdame, no más: tarde y en vano se alzarían el ruego y el sollozo.
Pero si debes olvidar a veces, no te aflijas si entre reconditeces de tiempo y sombra para ti me pierdo.
Será más dulcemente dolorido ver plegarse las rosas de tu olvido que alzarse entre tinieblas mi recuerdo. Cristina Rossetti Inglaterra, 1830 - 1894
Versión de: Carlos López Narváez